Una perspectiva desde ALBA Movimientos: Comunicación e integración

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Alcides García Carrazana

Comunicación, al menos desde la perspectiva que defendemos y necesitamos desde los pueblos en lucha, debe ser más que medios, redes sociales, notas, fotos, videos, declaraciones y recogidas de firmas; más que estadísticas, eventos, libros, conferencias, y espacios académicos. Es, sobre todo, política e ideología, diálogo y pedagogía, movilización y trasformación; y para ello, tiene que ser indefectiblemente: unidad, pensamiento, planificación y práctica sistemáticas desde lo organizativo, mediático y popular. Comunicación debe y tiene que ser práctica contrahegemónica desde cada acción.

Es imposible ver y hacer comunicación separada de las líneas políticas que definen a una organización, a un movimiento; tampoco de la militancia, de las personas que la conforman en sus bases. Igual debe tomarse en cuenta la diversidad de interlocutoras/es, contenido, forma, estética, narrativa de cada mensaje
para dialogar como necesitamos, para reflexionar y no sólo para informar, es necesaria la interlocución, con énfasis en que la sociedad sea productora de la información y tenga protagonismo en la definición de las agendas mediáticas. Sin pretender entrar en debates conceptuales, es imposible no investigar para
comunicar; no dialogar para transformar; no comunicar para educar.

Mecanismos de integración: lo nacional y lo continental en medio de un contexto desfavorable Hoy se cuenta con diversos mecanismos que apuestan a la integración continental: esfuerzos desde los gobiernos como ALBA-TCP, UNASUR, CELAC, por ejemplo; apuestas desde los pueblos como ALBA Movimientos, y la diversidad
de espacios de articulación en los países, hasta organizaciones de larga data y probada capacidad movilizadora en sus escenarios de lucha. Pero siguiendo el pensamiento de Paulo Freire, las cosas primero tienen que existir y después nombrarlas.

Existir implica mucho más que el nombre y la estructura, convocarse y reunirse; más que declaraciones finales y demandas. Existir implica mover pensamiento, compromisos, responsabilidades, identidad y acción desde las bases populares (tanto para gobiernos como para movimientos y organizaciones), para reconocer y defender no sólo la estructura, sino el proceso de lucha con objetivos concretos que permitan enfrentar el avance de la derecha y el capital sobre el continente, que
permita confrontar y comenzar a revertir los golpes coordinados contra los gobiernos progresistas y los pueblos; para contrarrestar los embates de los monopolios mediáticos con sus matrices de opinión manipuladoras, que promueven
el terrorismo mediático, el discurso único y la construcción del miedo.

La comunicación para la integración y la lucha no es un añadido para informar sobre las acciones o eventos, sino proceso vital, transversal, político e ideológico que estimula la participación, la construcción colectiva a partir de las subjetividades y las identidades comunes; recuperando todo aquello que nos une que es mucho más grande e histórico respecto a lo que nos separa. ¿Cómo ponemos a dialogar nuestra historia y acumulado con la actualidad? ¿Los programas políticos y acciones de los mecanismos de integración de los gobiernos con las estrategias de los movimientos sociales y las voces y propuestas de los pueblos? ¿Cómo dialogamos entre las propias organizaciones, entre los dirigentes y la militancia? ¿Cómo construimos
unidad, proyectos y acciones comunes? ¿Cómo somos una izquierda menos dividida?

Retos complejos en medio de un contexto desfavorable en el continente, y en ello la comunicación es definitoria. Precisamos debatir, acordar, funcionar y avanzar desde la unidad, pues la derecha se reordena y nos ataca contundentemente. Y ello implica pensar y fortalecer medios de comunicación, sí, pero como apunta Martín Barbero, no sólo concentrarnos en los medios pues más importante son las mediaciones a partir de las vivencias, el acumulado histórico, los imaginarios populares, las identidades.

ALBA Movimientos: un aporte desde lo comunicativo
Somos un esfuerzo de articulación continentalde los pueblos y sus luchas, de pensamiento y acción contra el avance de la derecha, el imperialismo y el capital, reconociendo nuestra diversidad pero anclada en la cultura y tradiciones
que nos sustentan. Somos más de 400 organizaciones de 24 países del continente
nuestroamericano. Tenemos un gran enemigo común que insiste en la fragmentación, y que la mejor manera de enfrentarlo es, como dijo Martí: “…hemos de andar en cuadro apretado como la plata en las raíces de Los Andes”. Comprendiendo la importancia de la comunicación en ese proceso de integración continental, convocamos a la reflexión y acción no sólo desde la orgánica de ALBA Movimientos.

Se han concretado varios espacios de trabajo, entre los que destacan el acumulado de años de trabajo y dos encuentros continentales, uno de medios de comunicación (20 al 22 de noviembre del 2015 en São Paulo, Brasil), y uno de comunicación popular y movimientos sociales (22 al 28 de febrero del 2016 en Caracas, Venezuela), donde confluyeron también otros medios y articulaciones continentales
con quienes compartimos visiones políticas y estratégicas. El gran objetivo, no sólo reflexionar, sino unirnos y accionar desde lo comunicativo como un “puño” contra-hegemónico continental.

Como resultado, se encuentra funcionando, aunque perfectible y en proceso de consolidación, una estructura de coordinación y gestión que vincula a medios, experiencias y otras articulaciones y espacios continentales y nacionales.
Se cuenta con un Equipo de Coordinación Continental; coordinaciones regionales (con
funciones organizativas y de articulación) en Norteamérica, Mesoamérica, Caribe, Cono Sur y Zona Andina, y referentes por países. A la par, equipos para la producción en radio, video, impresos y editorial, web y redes, diseño
y arte, y formación e investigación. Para hacer operativo y funcional el trabajo,
también están activos canales de coordinación y distribución de contenidos, que articulan alrededor de 100 medios alternativos y populares de todos los países del continente, junto a otros 40 medios aliados de amplio alcance nacional e internacional.

Además de la dinámica diaria de trabajo, se cuenta con varias experiencias exitosas de coberturas colaborativas y convergencia de medios continentales, en las que, a decir de Carlos Aznárez, director de Resumen Latinoamericano “todos somos corresponsales de todos”. Pero no escapamos de la fragmentación de los procesos, nos cuesta construir unidad, pensar y accionar en común, mirar no sólo lo nacional sino tender puentes de forma articulada a lo continental, ponerle desde lo personal y organizacional energías, tiempo, recursos, a un proceso que nos demanda integración por la lucha común.

Desafíos en el nuevo escenario
Es un imperativo proseguir el debate y la consolidación de propuestas articuladas para hacer la comunicación que el tiempo político exige, pero requerimos soluciones en una especie de carrera contra reloj: pensar y actuar, bien y rápido. Se impone vencer barreras y visiones reduccionistas e instrumentales que atentan contra esa comunicación que necesitamos. Precisamos debatir y construir desde la rica teoría latinoamericana; investigar para comunicar, pero sin caer en la deformación de una
Academia que a veces ata más que libera en formas y contenidos para llegar a una práctica transformadora, movilizativa, forjadora de sujetos políticos. Urge profundizar espacios de formación, no sólo técnica para producir, sino formar interlocutoras/es de pensamiento crítico, de cultura de consumo o recepción, de
contenidos para desmontar las argucias de los monopolios mediáticos y abrir los espacios a lo alternativo y popular, que debe también crecer en calidad de su discurso, de su estética y propuesta integral.

Necesitamos progresar en la lucha por democratizar la comunicación, que como dice
Gabriel Kaplún, implica buscar y reflejar “la palabra del otro”, de la otra persona casi siempre ausente y dominada, y que esa otra persona no es solo el dirigente, especialista o experto que utiliza el “nosotros”, sino dar voz a los pueblos. Pero también implica “democratizar el lenguaje”, hablar desde lo cotidiano y no la fabricación de un discurso; “democratizar los medios” para sean en verdad de
las mayorías y no de los magnates económicos y políticos, pero tampoco de la dirigencia de nuestras organizaciones sociales y populares para que dictan pautas, sino que sea una construcción participativa desde las bases, desde el pueblo o la comunidad. Y por último, Kaplún dice que democratizar la comunicación implica reconocer y fomentarla más allá de los medios. Una reunión, una marcha, un mercado,
la escuela, la música, la danza, el teatro, un dibujo, un juego de futbol, una fiesta… en fin, todos son espacios de comunicación, de interacción, de interlocución y deben favorecer el tipo de comunicación que necesitamos:
de forma integrada, estimulando procesos de reflexión, de unidad, de movilización, de lucha, y de transformación, que nos permitan construir la sociedad que queremos desde los pueblos Nuestroamericanos.

tomado de América en movimiento
www.alainet.org/revista phtml

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