Una plática inconclusa: “Más profundidad, menos palabrería”

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Llevo días preparando el cuestionario y después de cambiar una pregunta, modificar otra, estar satisfecha primero e inconforme después, al fin terminé de armar lo que con seguridad será una conversación inconclusa con la profesora Miriam Rodríguez, una de las personas que más conoce y quiere el periodismo en Cuba. No sé bien si al escoger este tema me tendí una trampa porque la profe estará observando, evaluando cada detalle.

Mientras camino hasta su casa, en Marianao, pienso en lo difícil de una profesión que implica riesgos: el de colocarse en la piel y los oídos de la gente, como dice mi abuelo. Voy trajinando mis pensamientos sin percatarme que estoy delante de la casa, cruzo el amplio portal, toco el timbre y en unos minutos, la profe, me invita a pasar a su refugio, como ella lo llama, un espacio pequeño, repleto de historia donde la acompaña una foto de Hemingway, otra de Martí y una de Charles Chaplin, además de un montón de libros. Me sorprende la fuerza, la determinación de sus palabras y, a la vez, la dulzura que se esconde en su mirada. Para mi sorpresa, y como si me hubiera tratado de toda la vida, comienza a contarme, nada más y nada menos, que de su primera entrevista.

“Fue con Juan Marinello. No quería que se diera cuenta de la existencia de la grabadora pero, al mismo tiempo, no podía perder ningún detalle de la conversación. Pues bien, me senté frente a Marinello y amarré con una soguita la grabadora, que era de aquellas antiguas de cinta, de la pata de un sillón. Cuando llego a casa y me pongo a transcribir oigo un cro, cro cro; era el balanceo del sillón que había salido en toda la grabación. Aquello fue un desastre pero al final aprendí una cosa: si uno está interesado en la conversación, lo recuerda todo. ¡Ay, perdona la anécdota! Comienza con tus preguntas”.

¿En su opinión cuál es la cualidad principal que no debe faltarle a un joven estudiante que empieza a interesarse por esta profesión?

Curiosidad intelectual, afición a las lecturas, a la vida cultural en su totalidad. Y, por supuesto, ser inconforme con lo que le rodea. Claro, esa inconformidad no significa una crítica a ultranza, sino que esa crítica debe ser responsable. Es necesario buscar el envés de las cosas y no conformarse con las primeras respuestas sino tratar de investigar. Eso hay que cultivarlo, tenerlo como un principio.

¿Y qué es lo que más le interesa que se lleven los estudiantes en sus clases?

Que esta es una profesión difícil, que no termina con los estudios, justamente comienza cuando ustedes empiezan a trabajar. Tienen que cuidarla y respetarla mucho, cuidar mucho su prestigio, tienen que seguir estudiando, cultivándose.

¿Qué opina sobre lo que le falta y le sobra al periodismo que se hace hoy en Cuba?

Al periodismo de hoy le sobra lenguaje ampuloso, palabrería. El otro día estaba viendo una noticia por televisión, pretendía ser un reportaje y yo quería enterarme de qué era lo que se decía pero no daban datos, ni información, sino una sarta de palabras para cubrir un tiempo. Y eso pasa también en la prensa impresa. Hay un exceso de palabras, sobre todo en algunos géneros, y en algunos periódicos y revistas más que en otros. Hay que ir más a los problemas, investigar más, conflictuar más los temas, hacer trabajos que realmente permitan obtener información, extraer un pensamiento que pueda ayudar al debate; hay que polemizar en el sentido más amplio del término para que el periodismo juegue el papel que de verdad le corresponde.

Ese tiene que ser el camino, sobre todo ahora cuando nos hemos propuesto refundar, como se dice, nuestro país nuevamente. No va a ser fácil porque ha pasado mucho tiempo y hay que rescatar de las personas el entusiasmo, la fe, otro modo de hacer. En los jóvenes está la posibilidad, aunque, los “mayores” podremos seguir aportando desde nuestra experiencia.

¿Entonces cree usted que el periodismo que se hace hoy en Cuba informa para sacar a la luz pública los problemas de la sociedad, los más cotidianos, que busca opiniones diferentes, no sólo las especializadas y, sobre todo, que mueve voluntades, que llega realmente a las personas?

Lo está intentando pero todavía falta profundidad, análisis, investigación, contrastación de fuentes, más apego a la cotidianidad para lograr eso que tú dices: movilizar a la gente y para que las personas vuelvan a tener esa creencia en los medios. Otra cosa son los temas. Hay que tratar más los problemas del día a día, esos que afectan a la gente. Y para ello la prensa tiene que recobrar y apelar a sus señas de identidad: veracidad, investigación y contribución al debate. Es necesario abrir más el debate público. Ah, pero eso no lo puede lograr por sí sola.

Todos tenemos que desarrollar el diálogo colectivo, la crítica, la autocrítica. Tampoco podemos trazarnos unas metas demasiado altas, sino las que correspondan a cada momento, como decía Martí hacer en cada momento lo que en cada momento es necesario. Hace falta explicar los por qué, precisar las causas de los problemas e incluso los esfuerzos que se hacen para buscar soluciones, pero de manera clara y diáfana, sin teque.

En clases se nos habla de la objetividad: mientras más cercanos estemos de ella, vamos a estar más cerca de la realidad, ¿por qué cree que se prioriza la objetividad y se deja atrás formas más creativas, más interesantes para elaborar los trabajos…?

Si es así, es un defecto de la formación y hay que exigirlo. A veces no se debate, como tú ahora lo has hecho, has puesto sobre el tapete problemas que son importantes para la profesión. Ese es un problema medular: cómo contar historias, cómo hacer el periodismo más ameno, interesante, profundo. El periodismo tiene que tener ese nivel de cultura diaria para darle a la gente. Muchas veces no entendemos, cuando hablamos por ejemplo, de una separación tajante entre Periodismo y Literatura y nos referimos a esto sólo desde el punto de vista del lenguaje; sin embargo no nos percatamos que estamos obstruyendo una capacidad, una potencialidad para que nuestros propios profesionales, nuestros estudiantes puedan tener metas más altas.

Ahora quisiera ponerla en un aprieto, si tuviera que mencionar los momentos más significativos del periodismo cubano, ¿cuáles citaría?

Hay momentos muy significativos pero ya basta de “vivir de momentos”, debemos saltar etapas y lograr que se hable de continuidad. Me atrevería a decir que cuando ciertos mecanismos cambien, el talento, la creatividad van a ser mejor aprovechados. El periodismo todavía es un tema pendiente en nuestro país.

*Estudiante de segundo año de Periodismo y colaboradora del boletín Caminos.

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