Washington mantiene en barrena el congelado diálogo palestino-israelí

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Con todo, la secretaria de Estado de los Estados Unidos se encargó de frustrar las escasas esperanzas vinculando cualquier avance a que el inminente nuevo Gobierno de la Autoridad Palestina se pliegue a las exigencias occidentales y reconozca, sin contrapartida alguna, al Estado israelí.

La secretaria de Estado de los Estados Unidos, Condoleezza Rice, presidió ayer en Jerusalén una cumbre entre el primer ministro israelí, Ehud Olmert, y el presidente de la ANP, Mahmud Abbas, que versó sobre los «contornos» de un futuro Estado Palestino.

El tándem isrelo-estadounidense se negó a debatir siquiera cuestiones como la de las fronteras de ese Estado y el retorno de siquiera parte de los millones de refugiados palestinos que fueron expulsados de su país y que sobreviven las más de las veces en tierra de nadie en los países árabes vecinos. Ni siquiera aceptaron discutir otra cuestión central como la de la capital de esta futura entidad política que prometen soberana, que los palestinos reivindican en Jerusalén (Al Qods).

Al decir de la anfitriona de la cita, los «contornos» de la futura Palestina se limitan a día de hoy a la exigencia, por parte de occidente, de que los palestinos se doten de un Ejecutivo que responda a las exigencias de Israel, nunca a las del electorado de los territorios ocupados de Gaza y Cisjordania.

La jefa de la diplomacia estadounidense aseguró que tanto Olmert como Abbas «han debatido sobre la posición del Cuarteto (EEUU, UE, ONU y Rusia), que exige que cualquier Gobierno de la ANP debe comprometerse a no recurrir a la violencia, a reconocer a Israel y a aceptar los acuerdos y compromisos firmados hasta la fecha…».

Estas tres exigencias están en la base del boicot que impulsa occidente, de la mano de Israel, contra la población palestina desde que Hamas venciera con rotundidad y cumpliendo con todos los estándares democráticos en las elecciones legislativas de enero de 2006.

Abbas llegaba a la cumbre de ayer con los Acuerdos de La Meca bajo el brazo, acuerdos firmados el 8 de febrero y que prevén la formación de un Ejecutivo de unidad nacional, en un intento de detener la sangría interpalestina de los últimos meses.

El propio Olmert se encargó, escasas horas antes de la reunión, de advertir de que los compromisos alcanzados por las distintas organizaciones palestinas «son insuficientes» y de que Israel no cederá un ápice mientras estas últimas no «traguen» con todo el paquete de exigencias. Fue más allá y aseguró que la posición israelí cuenta con el aval total del presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, a quien habría arrancado un compromiso en este sentido en charla telefónica el viernes.

El anuncio de Olmert dejó sin duda en una incómoda posición y redujo el margen de maniobra de la secretaria de Estado del propio Bush, que desde su llegada a Israel se ha limitado a insistir en que Washington «esperará a la formación del nuevo Ejecutivo de la ANP para tomar una decisión» sobre la política de presiones todavía vigente contra la población palestina.

Este «esperar a ver» ha querido ser interpretado de forma positiva por la desesperanzada población palestina. A nadie se le oculta que Arabia Saudí, fiel aliado de Washington, no habría patrocinado una cumbre interpalestina en La Meca si no contara, siquiera, con la aquiescencia del Departamento de Estado de los Estados Unidos, que dirige Rice.

La cumbre de los desesperados

Esperanza que no alimentó una reunión con nulos resultados y que ha sido bautizada como «la cumbre de los desesperados», en relación a las crisis que afrontan sus protagonistas.

Los Estados Unidos tiene más que suficiente con la situación que afrontan sus ocupaciones de Irak y Afganistán. Frente a los que preveían por eso mismo un impulso del «proceso de paz» en Oriente Medio se vieron desmentidos por la propia Rice, que descartaba ayer que vaya a haber una declaración de un Estado palestino bajo la Presidencia de Bush.

Olmert, en el punto de mira por corrupción y por el desastre de la última aventura en Líbano, ve cómo la oposición de la derecha sionista de Likud arrasa en las encuestas. Así, los analistas apuntan a que el objetivo del premier es reimpulsar la colonización de Cisjordania. Toda una aportación al «proceso».

En fin, Abbas cuenta con escaso margen de maniobra. Tan pequeño que rechazó ayer la «invitación» de Rice para que accediera en un futuro a una suerte de «Estado palestino provisional y por etapas».

Así las cosas, la secretaria de Estado de Bush anunció a bombo y platillo que en varias semanas se celebrará una nueva cumbre tripartita. A la vista de los resultados, sólo cabe decir aquello de «hasta la próxima».

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