Y quemar el cielo si es preciso

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Tamara Roselló Reina

Acompañaba a su mamá este 30 de septiembre cuando las trabajadoras y trabajadores del Centro Martin Luther King (CMLK), hicieron un alto en su jornada para compartir las últimas noticias sobre las posturas inadmisibles del gobierno golpista, de la resistencia popular hondureña, y la “ambiguedad” con la que tratan de ocultar desde la Casa Blanca sus verdaderas implicaciones en la ruptura constitucional que sacude al país centroamericano.

Emily no comprendió muchas de las palabras que usamos para expresar nuestra indignación por la barbarie que dura más de noventa días en un pedazo de nuestra tierra. Sí, porque Latinoamerica es una, por eso llamamos hermanas y hermanos a las hondureñas y hondureños, por eso no estamos indiferentes a su suerte, que es también la de todo el continente.

Todavía tenemos muy cerca la presencia en Cuba de Berta Cáceres, líder del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras (COPINH), a propósito del VIII Taller Internacional sobre Paradigmas Emancipatorios (La Habana, 2 al 5 de septiembre de 2009). Su testimonio firme nos hizo admirarla más y con ella, a las mujeres que son ya imprescindibles en esta nueva etapa de su historia.

El reverendo Raúl Suárez, director del CMLK, retomó las ideas que nos convocaron, en la noche del 2 de septiembre, desde la iglesia Ebenezer, de Marianao, a acrecentar las muestras solidarias con los que luchan y resisten ante el golpe militar contra Manuel Zelaya.

“Ahora más que nunca tenemos que estar al lado del pueblo hondureño, al lado de los movimientos populares, que se han unido y están dando este testimonio de resistencia pese a la muerte y todo el terror que tartan de sembrar”, dijo Suárez, también diputado a la Asamblea Nacional.

“Una vez más reafirmamos la convicción bíblica, teológica, que nuestra esperanza no está en Zelaya, ni en Estados Unidos, ni en la OEA, ni en las Naciones Unidas; nuestra esperanza y nuestros espíritu de resistencia junto con el pueblo hondureño, parte de la convicción que la historia siempre ha probado, que los cambios, que verdaderamente transforman las estructuras, vienen desde abajo, desde el pueblo y sus organizaciones.”

En cualquier calle

El proyector mostraba las calles de la resistencia, los rostros en imágenes: de los jóvenes escribiendo sobre los muros, de las marchas de paz contra la fuerza militar, del oxígeno popular contra los gases tóxicos que asfixian.

Y como si nuestros papeles en blanco fueran sus carteles para alzarlos contra la libertad de opresión que practica Roberto Micheletti y los grupos de poder oligárquicos que le apoyan, nos confabulamos en silencio, plumón en mano, para dejar nuestra voz en letras, para que el grito se oiga más alto:

“Honduras la ternura no basta.”
“Viva el miedo que pare revoluciones.”
“Nuestra resistencia nutre nuestra esperanza, nuestra fe.”
“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia. Adelante hermanas y hermanos hasta que seamos saciados.”
“La resistencia es la esperanza de grande cambios.”
“Todos somos Honduras. Resistamos juntos aunque nos separen kilómetros.”
“Nuestras manos están con ustedes, resistan.”
“Soñamos y crecemos con su ejemplo.”
“No están solos ni solas, nos une el amor que se hace lucha y resistencia”

Y Suárez nos recordaba una canción de Silvio Rodríguez que parece escrita para ser cantada hoy junto a “ese pueblo que ha dicho presente y que no está pidiendo migajas al sistema, sino la transformación.”

“La era está pariendo un corazón,/no puede más, se muere de dolor/y hay que acudir corriendo/pues se cae el porvenir/en cualquier selva del mundo,/en cualquier calle.”

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