Por Roselid González

El mes de marzo siempre es una buena excusa para hablar de nosotras las mujeres. Mucho se ha expuesto, estudiado y conversado sobre el rol que jugamos en la vida actual de la sociedad.  Existen programas e iniciativas para adelantar a la mujer, mucho se ha avanzado en las luchas de la cotidianidad y mucho falta por hacer. Seguimos observando la vida desde el lugar que nos tocó: el lugar de la mujer. Es increible como actuamos en determinadas circunstancias guiadas por la percepción de que somos vulnerables, sintiendo que debemos estar a la defensiva porque corremos el riesgo de ser “atacadas”.

He compartido con compañeros en situaciones sencillas el temor de sentirme expuesta por ser mujer, supuestamemente no debería estar en ciertos y determinados lugares o frecuentar ciertos espacios, debes tener cuidado de que algo pueda pasar; sin embargo mis compañeros que estan en el mismo rol, momento o lugar  ni siquiera han pensado en ello. Me llama la atención como nos educan desde diferentes modos de vida aunque estamos en la misma escuela. Como mujer no debemos ir, estar, visitar, ciertos y determinados lugares, si lo haces debe ser acompañada por alguien porque puede suceder cualquier cosa, es mejor evitar determinadas situaciones. Nos sentimos expuestas todo el tiempo, dependientes para poder avanzar.

Escuchando la predicación del domingo en la iglesia sobre el encuento entre Jesús y la mujer samaritana me venia a la mente la imagen de una mujer que iba sola con su cantaro a buscar agua al pozo, justo a la hora del mediodia, un pozo que quedaba cerca de un pueblo llamado Sicar. Nos cuentan que los discípulos habían ido al pueblo a buscar comida, Jesús se quedó sólo, cansado y sentado al lado del pozo. En eso llega una mujer de Samaria a sacar agua y Jesús comienza una conversación con ella. La lectura se encuentra en el evangelio de Juan, capítulo  4, vs 1-42.

Intentando imaginar la escena de como ocurría aquel encuentro pensé cuan dificil debió ser para esa mujer encontrarse en ese camino con un hombre que desconocía, que reconocía como judío y por tanto, era de los enemigos de su pueblo. Cuantas cosas pudieron pasar por su mente ante un encuentro casual. Cuantas cosas pueden pasar por la mente de las mujeres al encontrarse solas ante un hombre que no reconocen y en un lugar apartado. Jesús comienza una conversación de lo cotidiano, desde su necesidad, desde un lugar donde puede colocar a la mujer en una situación más cómoda. Pide agua a la mujer que tenia en sus manos las herramientas necesarias para calmar la sed. El diálogo va ocurriendo de una forma más calmada y en condiciones de igualdad para decir con transparencia lo que se siente.

Es visible el protagonismo de las mujeres en los escritos de las comunidades juaninas. Siempre nos muestran en este libro como están presentes en momentos claves de la estructura del evangelio de Juan. En la colección de libros de Ildo Bohn Gass “Una introducción a la biblia” los libros 5 y 6 hacen referencia al papel de las mujeres en el contacto con Jesús y en las primeras comunidades cristianas. En el evangelio de Juan por ejemplo es una mujer quien introduce a Jesús de Nazaret en la vida pública llevándolo a realizar su primera señal (Jn2, 1-12;cf.v4) también es una mujer la que cierra su misión junto a la cruz (Jn 19,25-27). Quien lleva la buena nueva a las aldeas de Samaria es una mujer samaritana (Jn 4, 1-42), es la primera persona que reconoce a Jesús como el mesias esperado (vv.25-30).  Tenemos a María, la hermana de Lázaro y Marta, ungiendo sus pies. De esta forma representando a la comunidad, ella es la verdadera discípula, profetiza y sierva del Señor. Es la sierva que anticipa el lavado de los pies de Jesús, modelo del poder del servicio (Jn 13, 1-17). El resucitado se aparece a María Magdalena en el jardín donde renace la nueva vida (Jn 20, 11-18) ella es enviada, es decir, es la apóstola  que anuncia la novedad de la resurrección a sus hermanos (vv.17-18) y otros muchos ejemplos que se muestran una y otra vez en este libro, pero también en toda la biblia, de mujeres que se atrevieron a ir a lugares donde supuestamente no debían estar, de enfrentarse a las estructuras y decir lo que nadie más tenía el valor de decir, incluso cuestionar al propio Jesús: ¿cómo va a darme esa agua? ¿ cómo es que me pide agua a mi? Ante esta realidad se inaugura un nuevo modo de relacionarse, percibimos que se rompen todos los tabúes tradicionales, es ella la encargada de contar la noticia y de guiar a su pueblo. Deja su cántaro así como los discípulos dejaron sus redes para compartir la buena noticia.

La valentía de las mujeres en todos los tiempos y todas las épocas nos sigue llevando a lugares inesperados, atreverse a dar testimonio con sus vidas y sus obras hace que otras podamos creer. No necesariamente tenemos que hacerlo solas, podemos acompañarnos entre mujeres para ser soporte en nuestras luchas, la coolaboración es posible y además es deliciosa.

Ojalá que la mujer de Samaria nos inspire para seguir caminando juntas, para perder el miedo, para llegar a los lugares menos esperados  y para estar conscientes de que seguimos expuestas a situaciones, seguimos siendo vulnerables.

En los últimos tiempos de nuestro país hemos escuchado hablar más de la violencia hacia las mujeres, de diferentes formas (psicológica, simbólica, virtual, física … ) en diferentes escenarios: desde una cola en el medio de la calle, el barrio, las redes sociales o medios de difusión, el trabajo, la iglesia hasta el propio hogar. No sabemos si es por la existencia de redes sociales y su difusión u otro motivo, pero cada día escuchamos nuevas noticias de mujeres asesinadas en varias provincias, estando pendiente además una ley que les proteja con más seguridad que los intentos que están diseminados en diferentes lugares e instituciones.  Observando que es un fenómeno que va más allá de decisiones personales, descansa en un sistema capitalista y patriarcal. Necesita un cambio radical en la forma de entendernos como seres humanos, donde nadie es superior a nadie por ningun motivo y por tanto no tenemos el derecho de abusar, maltratar o ridiculizar.

Recordando la consigna que varias mujeres feministas han usado en la defensa de nuestros derechos: Lastesis es un colectivo fundado en Chile por Dafne Valdés, Paula Cometa, Sibila Sotomayor y Lea Cáceres. Su nombre parte de su objetivo: retomar tesis de autoras feministas y llevarlas a un formato escénico para darlas a conocer.

El patriarcado es un juez
Que nos juzga por nacer
Y nuestro castigo
Es la violencia que no ves

El patriarcado es un juez
Que nos juzga por nacer
Y nuestro castigo
Es la violencia que ya ves

Es femicidio
Impunidad para mi asesino
Es la desaparición
Es la violación

Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía
Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía

El violador eras tú
El violador eres tú

Estar en el lugar que sea, a la hora que sea, con cualquier ropa, no es excusa para ser atacadas. No hay excusa para la violencia, la discriminación ni el odio. Como iglesias, instituciones o personas de fe tenemos el reto de denunciar y acompañar a las mujeres así como lo hicieron Jesús y sus discipulos, mostrar sus realidades y creer en ellas. Ofrecer seguridad y respeto a las mujeres es algo que deberiamos tener incorporado en nuestras prácticas, tener una ley que nos proteja también.

En el versículo 21 Jesús le dice a la samaritana: Créeme, mujer, pronto llegará el tiempo cuando, para adorar a Dios, nadie tendrá que venir a este cerro ni ir a Jerusalén. Si pudiera hablarnos hoy seguramente diría: créeme, mujer, pronto llegará el tiempo cuando, podrán vivir con seguridad, sin miedos y en equidad.

 

 

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