La ruta de una mujer vestida de hombre

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Dalia Acosta

“Llegué a besar la puerta. La gente pasaba y nos miraba sin entender. Allí
está la casa, pero no hay ni una tarja que la recuerde. Ni allí ni en
ninguno de los tantos lugares por los que pasó alguna vez la primera mujer que ejerció la medicina en Cuba, cuenta González Pagés a IPS.

“Una mujer como esta es desconocida por la historia”, afirmó.

“Se le juzgó como una criatura infeliz cuando en realidad fue una mujer
que estudió medicina y se vistió de hombre para realizarse en una
profesión que se le negaba por no serlo. Vestirse de hombre para Favez fue un ejercicio de rebeldía frente a todos los designios institucionales de
su época”, añadió.

Tras un intenso peregrinar, que se inició en Estados Unidos en 1995 y
lo llevó a diferentes localidades de Suiza, Francia, Guadalupe, México y
Cuba, siempre tras la huella de Favez, el investigador cubano acaba de
presentar en La Habana su libro “Por andar vestida de hombre”.

La versión digital de la editorial colombiana Carisma es el primer
resultado de una investigación de 14 años que contó con el apoyo de la
Agencia Suiza de Cooperación al Desarrollo (Cosude), la Universidad
Autónoma de Barcelona y la Comunidad de Foros Iberoamericanos, además de la complicidad de no pocas amistades.

Documentos legales de todo tipo, incluidas las cartas de amor entre
Favez y Juana de León que se conservan en una colección privada en Estados Unidos, se engarzan armónicamente para armar el relato que, a partir de la técnica de la arqueología histórica, carece totalmente de elementos de ficción.

Entre no pocas imágenes, el álbum de fotos de la propuesta multimedia
muestra la casa natal de Favez en Lausana, su vivienda en la ciudad
mexicana de Veracruz, el aula donde estudió en la parisina Universidad de
La Sorbona y la morada en Cuba de su prima María Cavín.

Más conocida por el escándalo sexual que la llevó a la cárcel y a la
deportación definitiva de Cuba en 1824, Favez es redescubierta ahora por
González Pagés como una mujer de su tiempo que, como tantas otras a lo
largo de la historia, se rebeló contra el poder masculino y lo hizo de la
única manera que era posible: pasando por hombre.

“Desafió el poder hegemónico como guerrera, médica, enamorada, presa y monja”, asegura el cubano, coordinador de la Red Iberoamericana de
Masculinidades.

Nacida el 1 de abril de 1791 en la ciudad suiza de de Lausana, según la
hipótesis más divulgada, se casa a los 15 años con Juan Bautista Renau, un oficial de Cazadores de las tropas francesas de Napoleón Bonaparte, y a su lado emprende toda la campaña bélica de Alemania.

“Vi morir a mi marido, quedando viuda a los dieciocho años, y quedé sin
hijos al morir mi única hija a los ocho días de nacida”, contó durante uno
de los momentos de la causa que se le abrió en esta isla caribeña y cuyos
detalles aparecieron en 1860 en la publicación seriada La Administración,
conservada en la Biblioteca Nacional de Cuba.

No llevaba mucho tiempo sola cuando Favez se viste de hombre y declara
ser oficial militar para iniciar los estudios de medicina en la
Universidad de París. Graduada en 1811, se alista como cirujano en el
ejército francés, participa en la fracasada campaña de Napoleón Bonaparte contra Rusia y cae prisionera en España.

Finalizada la guerra, parte a la isla de Guadalupe, en 1814, y de ahí
se va a Cuba “sin mudar de traje, así vestida de hombre como estaba
acostumbrada y bien hallada en libertad, porque vestida así podía ejercer
mi profesión y fortuna, sin idea de hacerle mal a nadie y mas bien con la
idea de socorrer con mi oficio a los necesitados”, como ella misma narra.

Instalada en la ciudad oriental cubana de Baracoa, a unos 990
kilómetros de La Habana, Enriqueta logra tener una clientela numerosa en
los sectores acaudalados, pero también brinda sus servicios gratuitos a
personas pobres y recorre largas distancias para educar a personas
analfabetas, incluidos esclavos y libertos negros.

En uno de esos viajes al pueblo de Tiguavos, el 20 de abril de 1819,
conoce y se enamora de Juana de León, quien se encontraba enferma y en la absoluta pobreza. Tras proponerle ayuda, Enriqueta inicia todos los
trámites necesarios para realizar el matrimonio que la llevaría años
después a la cárcel.

Aunque durante el juicio Juana de León aparece como la víctima-engañada, el epistolario entre las dos mujeres, consultado por
González Pagés, parece demostrar que Enriqueta confesó su verdad a Juana antes de llegar al matrimonio y que ambas, de mutuo acuerdo, deciden seguir adelante con la historia.

“Nunca te culpé por lo que pasó, fueron todos ellos los que no
entendieron que nos amábamos pese a todo”, afirmó Faves en una carta
fechada en Nueva Orleans, el 23 de mayo de 1846.

Conocida en esos días como Sor Magdalena, Enriqueta pasa los últimos
años de su vida entre Nueva Orleans, y Veracruz y Guadalajara en México,
donde donó parte de su caudal a los pobres de solemnidad, ejerció como
enfermera en el enfrentamiento a epidemias y fue partera de mujeres
presas.

Muere 10 años después que Juana, en 1856. “El cementerio donde estaba enterrada en Nueva Orleans fue dañado por el huracán Katrina, en 2005. Ni su cadáver sobrevivió”, comenta González Pagés, entusiasmado ahora con las opciones de “un libro digital y ecológico, realizado en un lenguaje atractivo para las generaciones más jóvenes”.

“La vida de Faves es un canto de trasgresión en el pasado que nos llega
hasta el presente. Si pensamos, los debates que tenemos hoy son minúsculos frente a lo que debieron vivir mujeres como ella. El ser humano está trasgrediendo normas desde que vivimos en sociedad”, afirma el historiador.

Según Pagés, autor de otro libro de historias de cubanas, “Favez fue
una mujer que quiso transgredir las normas de género, no de sexo. Así lo
dijo en el juicio: se vistió de hombre porque se sentía más respetada.
Nunca pudieron aniquilarla, ni con juicios ni normativas”.

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