Es lunes 13 de octubre; son las 11.20 de la mañana y veo en directo por TV al presidente Evo Morales en medio de una muchedumbre. Están en la localidad altiplánica de Caracollo, Oruro, y se disponen a marchar hacia la ciudad de La Paz. Andarán durante diez días. Llegaron por miles desde todos los puntos cardinales de Bolivia.
Las imágenes muestran rostros morenos, desdentados algunos, con vestimentas típicas de los pueblos originarios. Hay cascos de mineros y varias bandas de música características de tiempos de fiesta. El presidente dice que es la primera vez que una marcha popular comienza con esas bandas, celebrando. Hace referencia a la solidaridad que seguramente recibirán a lo largo del camino, y menciona a la Iglesia Metodista como garante de asistencia médica y recursos básicos en aquella geografía inhóspita.
La meta es alcanzar la sede de gobierno para persuadir (es el verbo que utiliza Evo) a los grupos de políticos opositores para que no entorpezcan la ley de convocatoria a un referéndum que coloque en manos del pueblo la aprobación de la nueva Constitución Política del Estado. Hace hincapié en la disciplina que hará falta, y es que los medios de comunicación, en su mayoría hostiles a los movimientos populares, dedicaron las últimas semanas a aterrorizar a los habitantes de las ciudades con “las hordas salvajes que avanzan”.
La convocatoria mencionada debió haber ocurrido en enero pasado, pero fue obstaculizada por fuerzas de derecha. El diálogo abierto con la oposición fracasó ese mismo mes; luego vino el referéndum revocatorio que dio gran apoyo al presidente, y la temperatura política subió hasta niveles peligrosísimos. Las élites de poder advirtieron que se encontraban arrinconadas; organizaron bloqueos de caminos, tomas de instituciones, saqueos y masacres durante el mes de septiembre. Fracasaron.
Con el apoyo de Unasur, la OEA e iglesias, comenzó a principios de octubre lo que parecía era la última oportunidad: un diálogo entre el ejecutivo y los gobiernos departamentales. Se trabajó en mesas técnicas sobre posibles ajustes al nuevo texto constitucional. Al final de una semana intensa, las autoridades opositoras decidieron no firmar ningún acuerdo nacional. El proceso de revisión de textos prosigue ahora, en manos de una comisión de diputados de varios partidos.
Ante estas circunstancias, la Coordinadora Nacional para el Cambio (CONALCAM) convocó a la gran marcha que comenzó el 13 de octubre. Será sin dudas una más en la larga lista de marchas del pueblo boliviano; cada una tuvo logros y avances que se fueron acumulando lentamente durante siglos. Hoy el país puede ser refundado desde abajo con mayores y mejores posibilidades que nunca antes. Los tiempos cambiaron. Tanto las fuerzas retrógradas como el pueblo sencillo lo saben.+ (PE)
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